El exceso de dioxido de carbono en la atmósfera se ha convertido en una preocupación ecológica importante a nivel mundial, sin embargo gracias a los investidores del Instituto Fraunhofer de Tecnología, dentro de poco el exceso de CO2 podría tener un uso. Este equipo de cientificos está trabajando en un proceso que usa CO2 para procesar productos de plástico de una manera completamente amigable con el ambiente. Basicamente el procedimiento se basa en un descubrimiento que hicieron los científicos, los cuales observaron que al comprimir el CO2, puede ser usado para impregnar objetos plásticos con colorantes, compuestos antibacteriales y otras sustancias. Tradicionalmente, los solventes usados para este fin son bastante tóxicos y por lo tanto contaminantes.
El equipo del Instituto Fraunhofer bombeó CO2 dentro de un contenedor a alta presión el cuál contenía partes de plástico y pigmento en polvo. Esta mezcla fue calentada a 30.1 grados celsius y comprimida hasta 73.8 bares. En este punto el CO2 entró en un estado supercrítico y se empezó a comportar como un solvente. Seguidamente el equipo comenzó a incrementar la presión hasta los 170 bares, cuando el pigmento se disolvió en el CO2 y se empezó a difundir en el plástico. Todo el proceso no tomó más que unos pocos minutos, y mientras el gas escapaba del plástico poco después, el pigmento se mantuvo adentro y no pudo ser sacado.
Los científicos también lograron impregnar el plástico con nanopartículas antibacteriales, silica y un ingrediente conocido como flubiprofén, el cual es un activo farmacéutico antiinflamatorio. Se afirma que el proceso trabaja particularmente bien con polímeros amorfos y parcialmente cristalinos como el nylon y el policarbonato por ejemplo, pero no lo hace tan bien con los polímeros cristalinos. A diferencia de otras tecnologías de impregnación de plásticos, este no causa que el pigmento cambie de color, además sustancias sensibles al calor como retardantes para fuego y estabilizadores UV pueden ser introducidos y el plástico en ningún momento es llevado hasta su punto de fusión.
En sí mismo, el CO2 no es combustible, no presenta toxicidad y es barato. A pesar de que el proceso Fraunhofer no realiza captura de CO2, existen procesos experimentales para producir plásticos que si lo hacen, por lo cual podrían utilizarse ambos procesos en conjunto para producir plásticos de una manera limpia y a la vez remover el dioxido de carbono de la atmósfera.

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